En memoria del poeta Fernando González, en el 50 aniversario de su muerte | Cultura

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TELDEACTUALIDAD rescata dos poemas escritos de puño y letra del poeta y profesor teldense Fernando González Rodríguez con motivo del 50 aniversario de su muerte en Valencia el 24 de junio de 1972.

Los textos que el periodista teldense José Luis Cruz González ofrece a este diario electrónico son orden lírico, del libro reloj sin horascuya primera edición en Madrid data de 1929, y A mis padres muertosde la publicación ofertas por nadapublicado en Valladolid en 1949.

Fernando González Rodríguez nació en Telde en enero de 1901 en el seno de una modesta familia numerosa y aprendió sus primeras letras en casa de su madre. La escuela y la biblioteca privada de Montiano Placeres completaron la formación del precoz poeta, que vio publicados sus primeros versos en el diario La Provincia ya en 1916. Estos le valieron los elogios y la atención del grupo de poetas de la revista Ecos, que incluía a Alonso Quesada, Saulo Torón y Tomás Morales. Con todos ellos tuvo una estrecha relación personal y no pocas similitudes estilísticas, ya que su poesía se adhirió desde el principio al menor moderno, con evidentes influencias de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado.

En 1917 se instaló en la capital grancanaria, donde no sólo fue director de La Provincia, sino que también estudió bachillerato y magisterio. Sus primeros versos, esparcidos en la prensa provincial, fueron recogidos en 1918 las canciones del alba. En 1921, gracias a una beca, comenzó a estudiar filosofía y letras en La Laguna, que continuó en Sevilla y Madrid, donde estuvo desde 1922.

Durante sus años en Madrid fue el enlace entre los poetas de la isla y revistas intelectuales como España y la pluma, en el que trabajó asiduamente. Publicó otros cuatro libros en la misma línea estética: manantiales en el camino (1923), Fogata en las montañas (1924), reloj sin horas (1929) y piedras blancas (1933), los dos últimos escritos en la década de 1920, aunque publicados más tarde.

En 1929 trabajó como editor de clásicos españoles para la Compañía Iberoamericana de Publicaciones, y un año después ganó la oposición para la cátedra de lengua y literatura españolas en Tortosa (Tarragona). En la década de 1930 complementó su compromiso docente con una creciente actividad política junto a su viejo amigo Manuel Azaña, en cuyo partido, Esquerra Republicana, militaba y por el que se presentó a diputado en 1931.

Poco antes de julio de 1936 había ganado la cátedra del Instituto Nebrija de Madrid, que no ocupó al marcharse a Barcelona, ​​donde ejerció como profesor durante la guerra. Terminada la guerra fue relevado de su cargo y se trasladó a Valladolid, donde estaba destinada su mujer Rosario Fuentes, también profesora universitaria. Allí fundó la revista y colección de poemas Halcóndonde se publicó su último volumen de poesía, ofertas por nada (1949).

Posteriormente completó sus estudios de derecho y ejerció la abogacía hasta 1958, mismo año en que retornó a su puesto de profesor con destino a Valladolid y completó su obra poética.

A principios de la década de 1970, el poeta gestionó la adquisición de su biblioteca y archivo por parte del Cabildo de Gran Canaria. En la actualidad, la citada biblioteca y archivo se encuentran en las dependencias de la biblioteca insular del Cabildo de Gran Canaria.

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